Ética, moral y bioética: conceptos fundamentales

Gustavo Pereira

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1) Experiencia moral, ética y moral.

A lo largo de la historia de la humanidad, los hombres han establecido diferentes formas de relacionamiento, la producción, el trabajo, el comercio, los juegos, han sido parte de un conjunto de relaciones que a través de la mediación del lenguaje han conformado los diferentes proyectos humanos que han culminado en diferentes organizaciones políticas, en la técnica y su impacto en nuestras vidas o en la regulación del derecho. Pero en cualquier intento de establecer algún tipo de reflexión sobre el propio hombre, la experiencia moral se presenta como protagonista, siempre presente e incluso irreductible a intentos de purificación científica como por ejemplo los del neopositivismo.

En tal sentido no es posible referir a relaciones humanas, en tanto que relaciones intersubjetivas, sin que haya en algún aspecto una relación de tipo normativo, es decir, sin que medien entre los sujetos regulaciones de su comportamiento en términos de corrección de la acción. Por lo tanto siempre que hablemos de ética vamos estar refiriéndonos a esta dimensión irreductible de la vida humana que tiene como elemento propio a la acción, y en particular a la acción humana evaluada en términos de corrección.

De inmediato se vuelve necesario realizar algunas distinciones que contribuirán a esclarecer el alcance de los conceptos que estamos manejando. En primer lugar tenemos que lo propio de la ética, entendida en términos generales, es la acción humana y en particular el comportamiento correcto. Esta primera aproximación a lo que intuitivamente manejamos como ética nos permite introducir una distinción conceptual de suma utilidad para explicar los fenómenos morales, la que diferencia moral y filosofía moral o ética.

Al respecto debe decirse que por moral entendemos concepciones sustantivas acerca de la vida, de la muerte, o de la felicidad, en tal sentido la moral hace a cosmovisiones que dan cuenta del sentido del mundo y de la vida, y que colocan al sujeto en una posición ante ellos. Por ejemplo, si bien el fenómeno religioso tiene características propias, puede decirse que las distintas religiones explican el mundo de esta forma, es decir, nos dan respuestas a cuestiones de orientación práctica diciendo qué es lo correcto a realizar en las diferentes circunstancias que enfrentamos, por ejemplo, en lo que hace a una moral sexual, al relacionamiento con los otros, a las conductas en los negocios, etc. Por supuesto que no solamente los relatos religiosos proveen de concepciones sustantivas de orientación práctica, sino que también es posible encontrar orientaciones de este tipo en grupos de identidad que construyen diferentes orientaciones en función de valores vinculantes; la mafia es un caso extremo de este tipo de concepciones sustantivas, o también las pautas de comportamiento de grupos marginales o de élite de una sociedad. Es importante destacar que en una sociedad pluralista y compleja, difícilmente encontremos relatos vinculantes puros, sino que lo que habrá será una hibridación de los mismos que responde a mayores o menores influencias que tienen en su búsqueda de orientar la conducta. Al respecto cabe decir que si bien cada uno de estos relatos que conforman las concepciones sustantivas, no es universal en su adscripción porque no pertenece a toda una sociedad sino a un grupo o sector, sí tiene pretensiones de orientar universalmente la conducta y es en tal pretensión en donde reside su contacto y competencia por la primacía con otras concepciones sustantivas.

Por su parte el concepto de ética o filosofía moral da cuenta racionalmente del fenómeno moral, de esta forma es un tipo de saber dentro de la filosofía que utiliza el rigor conceptual y los métodos de análisis y explicación propios de esta disciplina. Al desplegar los conceptos y argumentos que permiten comprender la dimensión moral de la persona humana accedemos a un mayor conocimiento acerca de nosotros mismos. En virtud de esto la tarea es básicamente autorreflexiva ya que aspiramos a encontrar sentido a lo que somos y hacemos.

2) Tareas de la ética o de la filosofía moral

La ética o filosofía moral tiene como principal tarea dilucidar en qué consiste lo moral, por lo tanto intenta fundamentarlo investigando las razones para que haya moral y orientar la aplicación de los principios éticos descubiertos en la vida cotidiana. Como consecuencia de tener como objeto a la moral y dado que la moral orienta nuestra acción directamente al responder a casos particulares, puede decirse que la ética es indirectamente normativa, es un saber práctico que pretende orientar la acción.

La diferencia entre ética y moral que se indicó más arriba, también nos permite distinguir morales de éticas. Las morales tienen atributos propios de la orientación de la acción en la vida cotidiana y en ese sentido tenemos morales cristianas, judías, budistas, musulmanas, etc., mientras que las éticas tienen atributos propios de la filosofía por lo que se distinguen por su metodología y su objetivo. Las éticas no responden directamente a problemas de la vida cotidiana sino a cuestiones que tradicionalmente ha tratado la filosofía como la fundamentación de principios morales, las razones que determinan una acción correcta, las características de la acción responsable, de la libertad, etc. Algunas de las corrientes más influyentes de la historia del pensamiento permiten identificar éticas kantianas, utilitaristas, pragmatistas, etc.

3) Ética y ética aplicada

En este momento es preciso realizar una distinción requerida por las urgencias de la aplicabilidad y es la que diferencia a la ética o filosofía moral de la ética aplicada. La ética, como decíamos recién, se encargaría de los problemas tradicionales de fundamentación, opera en un espacio de reflexión teórica y principalmente es realizada por especialistas. Por su parte la ética aplicada se ocupa de los problemas de la aplicabilidad de las propuestas teóricas a distintos campos, y con ello ofrece un marco reflexivo para la acción personal.

La ética aplicada surge en respuesta a demandas de aplicación de la filosofía moral por parte de diferentes sectores de la sociedad. Su desarrollo está pautado por dicha demanda y la mayor o menor vitalidad de las distintas éticas aplicadas dependerá de ello.

De lo dicho hasta ahora puede concluirse que ética aplicada y moral coinciden en su función de orientación directa de la acción. Esto requiere aclarar la distancia que conserva la ética aplicada con la moral. Las diferencias son las siguientes:

  1. La ética aplicada recurre expresamente a la reflexión al ser aplicación de la fundamentación filosófica.
  2. Limita su ámbito de prescripción a las cuestiones exigibles por una ética cívica, caracterizada por mínimos en los que convergen las distintas morales.
  3. La ética aplicada es multidisciplinar puesto que en ella se da la convergencia de diferentes saberes correspondientes a las áreas que requieren la aplicación ética.
  4. Por último tiene un proceso de elaboración propio y diferente al tradicional filosófico.

Dentro de las éticas aplicadas puede afirmarse que la bioética es la que mayor desarrollo histórico ha tenido, ocupando un lugar clave en la revitalización que ha tenido la ética por parte de las éticas aplicadas. Es en la década del setenta cuando la preocupación por una serie de problemas relacionados con la medicina dispara la historia reciente de la bioética. Esto ha tenido como consecuencia la explicitación de una serie de principios que pretenden regular en primera instancia la práctica médica, y que también van más allá de ella para incidir en las investigaciones básicas en biología.

4) Principios fundamentales de la bioética

Como recién se indicó en el desarrollo de la bióetica se ha llegado al convencimiento de que unos principios éticos deberían proveer las bases sobre las que formular, criticar e interpretar algunas reglas que ordenan la práctica. La función de esos principios es la de servir de ayuda a científicos, sujetos de experimentación, evaluadores y ciudadanos interesados en comprender los conceptos éticos inherentes a la investigación con seres humanos. Siguiendo a Javier Gafo presentaremos a continuación esos principios.

Principios de no-maleficencia y beneficencia

Estos dos principios se encuentran en el Juramento Hipocrático y son constitutivos de la ética médica clásica. El Juramento contiene el principio de no-maleficencia que es formulable como “se debe no infligir daño a otros” y consiste en la exigencia ética de que el  médico no utilice sus conocimientos para provocarle daño al enfermo. Este principio de no-maleficencia es más general y obligatorio que el de beneficencia, ya que pueden darse situaciones en que un médico no esté obligado a tratar un enfermo, pero sí lo estará a no causarle positivamente daño alguno. De este principio se derivan para el médico normas como “no matar”, “no causar dolor”, “no incapacitar”, no impedir”.

El principio de beneficencia consiste en hacer el bien por parte del médico, se encuentra en el Juramento Hipocrático y fue actualizado en la Declaración de Ginebra en 1948 afirmando que “la salud de mi paciente será mi primera preocupación”.

La beneficencia tiene una exigencia moral menor que la no-maleficencia, en esta última existe obligación mientras que en la primera se trata de una acción virtuosa que solamente bajo ciertas circunstancias se convierte en obligatoria.

La crítica que puede formularse al principio de beneficencia en su peligro de paternalismo, el riesgo reside en que el principio se aplique sin consentimiento del enfermo, es decir, sin que éste decida aceptar el bien que se le quiere hacer como bien suyo y por lo tanto que se actúe incluso en contra de su voluntad.

El principio de autonomía

Este principio subraya el respeto a la persona, a sus propias convicciones, opciones y elecciones, que deben ser protegidas bajo toda circunstancia y muy especialmente en la circunstancia en que alguien esté enfermo. La autonomía puede ser entendida como la capacidad de actuar con conocimiento de causa y sin coacción externa, por lo tanto lo que se haga con el paciente deberá pasar siempre por el trámite del consentimiento informado.

El principio de autonomía surge, tiene a Kant como referente fundacional y se refiere a la capacidad del sujeto para gobernarse por una norma que debe ser universalizada por la razón humana. Esto a la hora de la aplicabilidad encarna con la capacidad de autodeterminación del individuo y el requerimiento de que sea respetada. Engelhardt, por su parte, afirma que el principio de autonomía considera que la autoridad para las acciones que afectan a otros se deriva del mutuo consentimiento que involucra a los implicados. Como consecuencia de ello, sin ese consentimiento no hay autoridad para hacer algo sin tener en cuenta al otro. Las acciones que se hacen en contra de tal autoridad son culpables ya que violan la decisión del otro y, por tanto, son punibles. De este principio surge la obligación social de proteger a los individuos para que pueda expresar su consentimiento, antes de que se tomen acciones contra ellos, y de proteger a los débiles, a los que no pueden consentir por ellos mismo.

El principio de justicia

Este principio se basa en la igual consideración y respeto que se le debe a todas las personas y requiere en el caso de la bioética el igual tratamiento de casos iguales, sin que se pueden justificar discriminaciones en el ámbito de la asistencia sanitaria basadas en criterios económicos, sociales, raciales, religiosos, etc. Esto se ha manifestado como la imparcialidad en la distribución de los riesgos y los beneficios. El problema surge de la consideración de quiénes son iguales, ya existen diferencias entre las personas que son sumamente relevantes para los problemas de justicia y que demandan que el tratamiento igualitario sea ajustado en función de estas diferencias. Sin embargo, es posible acordar que existe un nivel mínimo en que todos deben ser considerados iguales, de tal forma que las diferencias en ese nivel básico son consideradas injustas.

Estos principios pretenden regular en términos muy amplios el campo de la intervención y experimentación con seres humanos.