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ERNST CASSIRER

UNA CLAVE DE LA NATURALEZA DEL HOMBRE:   EL SÍMBOLO

      El biólogo Uexkull ha escrito un libro en el que emprende una revisión crítica de los principios de la biología. Como él mismo señala, representaría una especie verdaderamente ingenua de dogmatismo suponer que existe una realidad absoluta de cosas que fuera la misma para todos los seres vivientes. La realidad no es una cosa única y homogénea; se halla inmensamente diversificada, poseyendo tantos esquemas y patrones diferentes cuantos diferentes organismos hay. Los fenómenos que encontramos en la vida de una determinada especie biológica no son transferibles a otras especies.

Uexkull comenzó sus investigaciones con el estudio de los organismos inferiores y las fue extendiendo poco a poco a todas las formas de la vida orgánica. En cierto sentido se niega a hablar de formas inferiores o superiores de vida. Cada organismo, hasta el más ínfimo no sólo se halla adaptado sino también coordinado con su ambiente.

A tenor de su estructura anatómica posee un determinado sistema “receptor”  y un determinado sistema “efector”. El organismo no podría sobrevivir sin la cooperación y equilibrio de estos dos sistemas. El receptor por el cual una especie biológica recibe los estímulos externos y el efector por el cual reacciona ante los mismos se hallan siempre estrechamente entrelazados. Son eslabones  de una misma cadena, que es descripta por Uexkull como “círculo funcional”

Acá Cassirer  dice que no puede entretenerse en una discusión de los principios biológicos de Uexkull; sino que se ha referido únicamente a sus conceptos y a su terminología con el propósito de plantear una cuestión general. ¿Es posible emplear el esquema propuesto por Uexkull para una descripción y caracterización del mundo humano? Es obvio que este mundo no constituye una excepción de esas reglas biológicas que gobiernan la vida de todos los demás organismos. Sin embargo, en el mundo humano encontramos una característica nueva que parece constituir la marca distintiva de la vida del hombre. Su círculo funcional no sólo se ha ampliado cuantitativamente sino que ha sufrido también un  cambio cualitativo. El hombre  ha descubierto un nuevo método para adaptarse a su ambiente. Entre el sistema receptor y el efector, que se encuentran en todas las especies animales, hallamos en él como eslabón intermedio algo que podemos señalar como sistema “simbólico”. Esta nueva adquisición transforma la totalidad de la vida humana. Comparado con los demás animales el hombre no sólo vive en una realidad más amplia sino, por decirlo así, en una nueva dimensión de la realidad. Existe una diferencia innegable entre las reacciones orgánicas y las respuestas humanas. En el caso de las reacciones orgánicas, una respuesta directa e inmediata sigue al estímulo externo, en el caso de las respuestas humanas las respuesta es demorada, es interrumpida, y retardada por un proceso lento y complicado de pensamiento.

El hombre no puede escapar de su propio logro, no le queda más remedio que adoptar las condiciones de su propia vida, ya no vive solamente en un puro universo  físico, sino en un universo simbólico. El lenguaje, el mito, el arte y la religión constituyen partes de este universo, forman los diversos hilos que tejen la red simbólica.

El hombre se ha envuelto en formas lingüísticas , en símbolos míticos o en ritos religiosos, en tal forma que no puede ver ni conocer nada sino a trasvés de la interposición de este medio artificial.

“Lo que perturba y alarma al hombre  dice Epitecto, no son las cosas sino sus opiniones y figuraciones sobre las cosas”.

Desde el punto de vista al que acabamos de llegar podemos corregir y ampliar la definición clásica del hombre. La racionalidad es un rasgo inherente a todas las actividades humanas. El lenguaje ha sido identificado a menudo con la razón o con la verdadera fuente de la razón, pero esta definición  no alcanza cubrir todo el campo. Porque junto al lenguaje conceptual tenemos un  lenguaje emotivo, junto al lenguaje lógico o científico  tenemos el lenguaje de la imaginación poética. Entonces la razón es un término verdaderamente insuficiente para abarcar las formas de vida cultural en toda su riqueza y diversidad, pero todas estas formas son formas simbólicas. Por lo tanto, en lugar de definir al hombre como animal racional lo definiremos como animal simbólico.

Cassirer al definir al hombre como animal simbólico explora al hombre en su relación social, cree que la cultura es la manifestación simbólica máxima.